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IBERIA EN EL AIRE

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UNA RAYA EN EL AGUA

IBERIA EN EL AIRE

IGNACIO CAMACHO.  02/02/2013

    Lo que está en peligro no es sólo la viabilidad de Iberia sino su definitiva supeditación a un mero papel subsidiario

    En este proceso de desintegración política, social y económica con el que España se está desagüando a sí misma por un sumidero la próxima etapa puede ser la definitiva desnacionalización de Iberia. La prometedora fusión con British Airways ha conducido a un efecto de absorción en el que la compañía inglesa parece alimentarse de la energía que succiona a la española. El impacto de la crisis y el incremento del precio de los combustibles ha terminado de colocar a la antigua línea de bandera en una insostenible pendiente de pérdidas a razón de millón diario; cualquier empresa en esa situación tendría que proceder a un ajuste de proporciones considerables pero en este caso se han mezclado los inevitables conflictos laborales con un pulso de intereses estratégicos. Lo que está en peligro no es sólo la viabilidad de Iberia sino su definitiva supeditación a un papel meramente subsidiario.

    La cuestión es compleja porque se trata de un mercado libre aunque el Gobierno conserve cierto papel regulador y un paquete accionarial sobrevenido con la nacionalización de Bankia. La jibarización de la línea que promueve el mando británico del holding afecta a la gigantesca inversión del nuevo Barajas y a otros aspectos de naturaleza más intangible como el tráfico con Iberoamérica. El mapa laboral de Iberia es extremadamente prolijo con una docena de sindicatos de cinco sectores y el consejo de IAG tiene una estructura de representación fraccionada por obediencias mercantiles de un lado y nacionales de otro. No hay razones unívocas de parte y en ese tira y afloja se impone el expeditivo estilo de Willie Walsh, el desapacible CEO irlandés que parece dispuesto a hacer valer su terminante lógica ejecutiva.

    Maniatado por las leyes de libre competencia y por sus propios problemas de estabilidad interna, el Gobierno va a tener que enfrentarse a una crisis de gran impacto de opinión pública. Las huelgas aéreas son muy impopulares pero en esta ocasión los sindicatos sitúan como fondo de sus reivindicaciones la defensa de la españolidad corporativa frente a una desaprensiva estrategia británica de sometimiento. Hay datos; desde la fusión los resultados de BA han crecido en proporción inversa al descenso de Iberia y la gestión de reservas, rutas y flujos financieros es claramente proclive al designio anglosajón. El margen de una intervención gubernamental está limitado por las reglas. Y en Europa gustaría muy poco ver las manos del poder posadas sobre un conflicto privado.

    Es un problema que arranca de una fusión mal cerrada y estalla en un momento crítico. Una solución judicializada podría deshacer el acuerdo por eventual incumplimiento de cláusulas de garantía, y entonces sería Iberia la que quedase al albur de sus propias debilidades. Pase lo que pase va a salir mal y esa ley de Murphy acabará arrastrando otro jirón de esta España deshilachada.