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El presidente de Iberia divide al Gobierno por 'diluir' a la aerolínea como antes a Tabacalera


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El presidente de Iberia divide al Gobierno por 'diluir' a la aerolínea como antes a Tabacalera

Ángel Collado12/11/2012


"Lleva 16 años metido en las mismas operaciones: empresa española que pierde en beneficio de la extranjera en la que se diluye, primero francesa y ahora británicas, y él siempre sale ganando". La frase, de un alto cargo del equipo económico del Gobierno, refleja el debate que se ha abierto en el Ejecutivo y en el PP sobre la gestión del presidente de Iberia, Antonio Vázquez, después de anunciar una 'reestructuración' de la empresa con un ERE que afecta a 4.500 empleados y una 'jibarización' de la antigua compañía de bandera que pone en cuestión toda la política del gabinete de Rajoy: la puramente económica, la de infraestructuras y la laboral.

Vázquez repite en Iberia la misma operación que llevó a cabo después de la fusión de Tabacalera y Altadis y su posterior venta hace cinco años a Imperial Tobacco, cuarta tabaquera, de origen británico. En aquella ocasión, de entrada se perdieron en la maniobra empresarial 794 puestos de trabajo en 2009. Luego siguieron los recortes por goteo hasta este último ejercicio. El hoy presidente de IAG e Iberia empezó en los noventa, con Gobiernos del PP, a especializarse en las fusiones de compañías nacionales basadas en monopolios como Tabacalera y siguió, ya como profesional consagrado y experto durante la etapa de Zapatero, con las líneas aéreas al dirigir el 'enlace' entre British Airways e Iberia. La fusión culminará, por la vía del ERE anunciado, en una Iberia 'diluida' en la compañía británica y con una cuarta parte de la plantilla en el paro.

Si en el sector del tabaco el mercado llevaba años a la baja y con un futuro más menguante aún, las cifras del tráfico aéreo, en ascenso pese a la crisis, no justifican que una empresa española vaya a perder tanta presencia y puestos de trabajo por las fusiones. Ni tampoco que Iberia haya pasado de tener beneficios a pérdidas en un sólo ejercicio sin acordarse de tomar medidas drásticas hasta ahora. Esa es la reflexión que se hacen en fuentes gubernamentales al encontrarse con lo que en la práctica es una semiliquidación de la antigua compañía aérea de bandera de España bajo intereses británicos, dispuestos a sacar partido de la T-4 de Barajas, que ha costado 6.200 millones de euros a las arcas del Estado.

Iberia ni siquiera es ahora una empresa totalmente privada. Bankia posee el 12 por ciento del capital y resulta ser un banco nacionalizado. Además, el ERE planteado va en contra de los proyectos de los Ministerios de Economía y, sobre todo del de Fomento, de mantener inversiones e infraestructuras como las de transporte para mantener las bases de un futuro crecimiento económico. También contradice los objetivos del departamento de Empleo y de la reforma laboral, presentada siempre por su titular, Fátima Báñez, como un medio para mantener los puestos de trabajo. Y más en sectores privados, 'productivos', estratégicos para el crecimiento y ligados a la primera actividad económica nacional que es el turismo.

Por eso, fue la ministra de Empleo la primera en pedir explicaciones públicas a IAG y a su presidente, que lo es también de Iberia. El plan del Ejecutivo con la reforma laboral era facilitar los ajustes en las empresas por la vía de las rebajas salariales, la flexibilización del reparto de trabajo en horarios y movilidad para evitar los despidos, sobre todo los masivos, que era el método aplicado con la legislación anterior para reducir costes laborales por la vía drástica.

La ministra de Fomento, Ana Pastor, ha citado para mañana a los responsables de Iberia para "analizar" el contenido del ERE e instar a la negociación. La compañía es privada, pero sus decisiones (retiradas de actividad) claves para Fomento. En medios gubernamentales añaden al desconcierto por la cantidad de despidos propuestos el hecho de que la compañía haya pasado de tener un beneficio operativo de 493 millones de euros en 2011 a una previsión de 61 millones de pérdidas y esperar al mes de noviembre para anunciar, además del ERE, rebajas salariales añadidas de hasta el 30 por ciento. La pregunta es por qué no se aplicaron antes los recortes si la situación era tan mala y más en una compañía recargada de directivos con salarios astronómicos.

Antonio Vázquez ha ascendido en cargo, sueldo, bonus, acciones y blindajes en cada fusión en que ha participado o dirigido. Primero, cuando Tabacalera se sumó a la francesa Seita, para dar lugar a Altadis. Después, en la venta de Altadis a Imperial Tobacco, tabaquera en la que ocupó plaza en su consejo de administración. Luego fue 'fichado' en 2009 para que Iberia pasara a British Airways, operación de la que también salió como presidente de la compañía resultante: IAG. Cuando se firmó la fusión, Iberia tenía beneficios y la empresa británica una deuda de 4.500 millones de euros.

El pasado ejercicio, Vázquez recibió de AIG 900.000 euros. De ese total, 645.000 eran su sueldo fijo y los otros 235.000 euros por aplicar el 'plan de integración' entre las dos compañías aéreas. Además, como compensación por retiro tiene garantizados 2,8 millones de euros. Según los sindicatos, el equipo de dirección de Vázquez, compuesto por 9 personas, supone para la compañía un gasto de 15,5 millones en salarios. Como fruto de la fusión y por la vía de sueldo y compensaciones, en poco más de tres años el presidente de Iberia se va a embolsar un mínimo de 5 millones de euros.
Después de ponerse la frente de AIG, Vázquez dijo que habría recortes de plantilla, pero con prejubilaciones y 'bajas incentivadas'. Tras aplicar el ERE tiene decidido seguir al frente de la empresa matriz, aunque cederá la presidencia de Iberia.