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El engagement (les) importa una mierda


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El engagement (les) importa una mierda

05/03/2013

    Es triste, es frustrante, bastante vergonzante, pero quizás también un necesario baño de realidad. El buenrollismo, el espíritu de colaboración, la coopetencia o incluso la sana competencia, los códigos de conducta abierta, las comunidades, el engagement y todas esas mierdas de las que muchos hablamos, predicamos y en las que creemos, no significan una ídem en cuanto el dinero, el dirty big money, se mete por medio.

Promesas Rotas

    Puede ser importante para los pequeños, los independientes, las Pymes, los freelance, la gente con principios, los Beres, los Félix, la comunidad de desarrolladores, agilistas y demás bichos raros e idealistas, pero a los grandes, a los grandes de verdad, SE LA SUDA. Lo único que importa a partir de cierto umbral es facturar, y en su defecto, protegerse el culo.

    Obviamente, todo esto nunca de forma explícita. De cara a la galería lo que se muestra es una cara amable, moderna, abierta, dialogante y respetuosa con la diferencia, un compromiso con el maldito engagement, pero SON PAMPLINAS. Consultolabia. Inventos. Mandangas. Fanfarria. Humo. Cancamusa. Inventada, autoreferenciada y repetida hasta la saciedad….por quienes vivimos de vender engagement !! Curioso, no?

    Ya no son sólo las prácticas “dudosas” del Huffington Post y el resto de cabeceras con sus titulares amarillistas busca tráfico – práctica repetida por todas las páginas que viven de vender impresiones al peso, no nos engañemos, pudiendo incluso acusar a este post de aplicar la misma teoría si nos ponemos exquisitos, aunque aquí las visitas sólo sirvan para hincharme el ego a mi – las que me hacen decir esto, ni los traducePosts capta visitantes, o los SEOespecialistas que hablan más con google que con sus lectores, sino que ya empiezan a salir a la luz prácticas cuando menos dudosas de grandes corporaciones, repitiendo las mismas malas prácticas que algunas llevan años aplicando en los medios convencionales.

    Ayer leí un par de documentos, uno de Movistar y otro sobre Iberia, donde ambas – con la colaboración necesaria de sus MegaAgencias súper cool de comunicación y Social Media, angelitos todos… – se pasaban por el forro los manuales – los escritos y los por escribir – de buenas prácticas, de ética y de moral, y ponían a trabajar en su favor a ejércitos de bots y perfiles falsos para crear estados de opinión y contrarrestar opiniones y acciones nacidas en su contra en las Redes Sociales. O eso decían esos documentos, que aquí uno ya no se atreve a poner la mano en el fuego.

    ¿Legal? Seguramente si, no tengo ni idea de leyes, pero es que no hablo de eso. Hablo de poder mirar a tus usuarios a los ojos y no tener que humillar la cabeza, y eso, me temo, las empresas implicadas en este tipo de prácticas no pueden hacerlo. O si, qué se yo, lo cual todavía me produce más ascuz.

    Luego se quejarán, como los políticos, de que metemos a todos en el mismo saco, que pagan justos por pecadores, que no todos son iguales, que ellos son distintos, que son los buenos de la peli, pero sinceramente creo nos dejan pocas opciones. De hecho, diría que somos demasiado blandos y que merecen más, mucho más desprecio, y reacciones en su contra quienes juegan con esas reglas, y que si esto no ocurre, nada cambiará. Pero somos blandos, somos comodones, y ésto mañana estará olvidado, y aquí paz y mañana gloria. Lo hacemos todos, quien ésto escribe incluido. En Donosti me he instalado Movistar sin ni siquiera mirar Euskaltel, o preguntar si Jazztel o algún otro operador da servicio en mi nueva casa. Y estoy encabronado con la política de Sanitas, pero aún no he mirado otras y sigo pagando puntualmente cada mes. Y estoy seguro que, como yo, miles, que por no mirar, por no pasar el mal rato de una baja, por no reclamar, por no sufrir los interminables trámites de un cambio, por la pereza de consultar alternativas, por inercia, por costumbre, por creer que son todos iguales pero con distinta etiqueta, por una supuesta – o real – falta de tiempo, o por lo que sea, seguimos haciéndoles el caldo gordo a quienes se empeñan en demostrarnos cada día que no se lo merecen. Customer Experience, pero en negativo. Con un par.

    ¿Triste? Si. Pero también realista. Que aquí estamos para vender, dirán. Que para hacer amigos ya están los bares. Si es que todavía queda alguno abierto, añadiría yo. Pero, eso si, a pesar de todo, luego nos pedirán sin cortarse un pelo el RT, el me gusta, pineanos o el compártelo. Y lo haremos, que ya nos conocemos, no sea que sorteen un iPad y perdamos la ocasión de que nos toque, que aquí el que no corre, vuela.

    Mientras tanto, yo seguiré defendiendo el good vs fast, el respeto por el usuario, la humildad, el conocer al usuario, el aportar valor, el pensar en medios plazos y no sólo en facturación mensual, los valores, los principios y hasta el honor. Incluso refiriendome a las marcas. Pero también reconozco que ya he asumido que así nunca voy a hacer dinero de verdad. Nunca seré rico. Al menos no de dinero.

Nos hacen falta más Pablos Herreros